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lunes, 4 de agosto de 2014

Bizcocho de Té Chai

Hoy os propongo una receta sencilla y riquísima para acompañar vuestros desayunos veraniegos: Bizcocho de té chai. 
Se trata de un té originario de la India. Los ingleses decidieron plantar té en su colonia en la India en el s.XIX para hacer competencia al proveniente de China. El gusto de los hindúes por las especias hizo que se añadiera gran variedad de ellas en este té. Así, el té chai está compuesto por té negro, canela, cardamomo, jengibre, clavo, pimienta negra y nuez moscada. Partiendo de esta base podemos hacerlo a nuestro gusto variando la proporción de las especias según nuestros gustos, incluso eliminar alguna, hacerlo con agua o leche o endulzarlo de diferentes maneras (azúcar moreno o blanco, miel, edulcorante..)


Después de contar todo el rollo anterior sobre el origen del té chai y sus componentes, debo confesar que para hacer este bizcocho recurrí a unas bolsitas de Té Chai (ya preparado) de Hornimans que tenía en casa, resulta más cómodo y recurrente si no dispones de todas las especias que lleva, pero lo puedes hacer tú mismo y a tu gusto usando los ingredientes antes mencionados.
El bizcocho resultante queda bastante húmedo y con un sabor a especias espectacular, suave al principio para acabar con un ligero toque picante, os encantará si os gustan las especias.



Bizcocho de té chai
  • 200 ml agua
  • 100 ml leche 
  • 4 bolsitas de Té Chai (yo usé de Hornimans)
  • 200 g azúcar moreno
  • 100 ml aceite de girasol
  • 2 huevos
  • semillas de una vaina de vainilla
  • 250 g harina
  • 1 cucharada levadura (tipo Royal)
  • 1/2 cucharadita de canela
  • 1/2 cucharadita de jengibre
  • una pizca de sal
Precalentamos el horno a 180ºC
Comenzamos preparando el té. Para ello ponemos en un cazo el agua con la leche. Cuando empiece a hervir apagamos, retiramos del fuego y añadimos las bolsitas de té. Tapamos el cazo y lo dejamos infusionar unos 5 minutos. Pasado este tiempo escurrimos bien las bolsitas, ya tenemos nuestro té preparado para el bizcocho. Reservamos.

En el bol de la batidora ponemos el aceite con el azúcar y mezclamos muy bien. Añadimos los huevos de uno en uno batiendo bien tras cada incorporación. Añadimos las semillas de vainilla al té y reservamos. Tamizamos la harina con la levadura, canela, jengibre y sal, reservamos. Batiendo a velocidad baja, iremos añadiendo la mezcla de harina en tres partes intercalándola con el té que lo echaremos en dos, así empezamos y acabamos con la mezcla de harina. Seguiremos batiendo a velocidad lenta hasta que queden todos los ingredientes perfectamente incorporados y la masa sea homogénea. 
Vertemos la masa en un molde previamente enharinado y horneamos unos 35 minutos o hasta que el palillo salga limpio. El tiempo dependerá del tipo de molde que usemos, yo con 35 minutos tuve suficiente.

Lo dejaremos enfriar primero en el molde y luego lo pasaremos a una rejilla para que termine de enfriarse evitando condensaciones.

Por último, antes de servir espolvoreamos un poco de azúcar glas para decorar.




¡Espero que os guste y os animéis a hacerlo!

Feliz y dulce semana, besicos!

M.

lunes, 10 de marzo de 2014

Magdalenas de calabaza y jengibre

Como os decía en el Pastel de calabaza y chocolate hasta hace relativamente poco no me gustaba la calabaza. Pues bien, desde que la descubrí se ha convertido en un básico en mi cocina, ya sea para recetas dulces como esta o para arroces o cremas.


Sí sí, sé que no es otoño y que no estamos en fechas de calabazas, aunque también es verdad que la estacionalidad se está perdiendo y ahora podemos encontrar de todo en las fruterías casi durante todo el año. 
Pero esta calabaza sí era de otoño, me la regaló una amiga y en su día solo gasté la mitad en un delicioso arroz con calabaza. Estaba liada con otras cosas y tenía la cocina y los dulces y el blog un poco abandonados, así que opté por partirla en varios trozos y congelarla.


Nunca había congelado una calabaza pero pensé que podría funcionar y así la tendría disponible para cuando pudiera usarla como merecía. Al descongelarla su textura había cambiado y la piel se había vuelto blanda pero como terminaría haciendo un puré con ella eso no fue un problema en este caso. Para el arroz y otras recetas donde la vayamos a comer en trozos no recomiendo usarla después de congelarla ya que su textura queda un tanto extraña (sí, hice arroz de nuevo y no me gustó mucho como quedó la calabaza).


La receta que os propongo hoy es muy sencilla de realizar, solo hay que llevar cuidado con una cosa y es escurrir muy muy muy muy muy bien la calabaza después de rallarla, ya que si incorporamos agua a la masa el resultado estará rico de sabor pero quedará un bizcocho compacto, nada esponjoso.
Estas magdalenas quedan superesponjosas y con el toque de jengibre te encantarán si te gustan los sabores especiados. Como en otras ocasiones, vuelve a ser una receta sin lactosa.

Magdalenas de calabaza y jengibre, para unas 12
  • 230 g calabaza rallada y bien escurrida
  • 2 huevos
  • 140 g azúcar moreno
  • 120 ml aceite de girasol
  • 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
  • 120 g harina
  • 1 cucharadita de bicarbonato
  • 1 pizca de sal
  • 1 1/2 cucharadita de canela molida
  • 1 1/2 cucharadita de jengibre molido
Precalentamos el horno a 180 ºC (160 ºC si es con aire)
Rallamos la calabaza, escurrimos y secamos bien con papel de cocina para quitar el exceso de agua. 
Batimos los huevos con el azúcar durante algunos minutos y añadimos el aceite y el extracto de vainilla. Tamizamos la harina junto con el bicarbonato, la sal, la canela y el jengibre. Vamos añadiendo esta mezcla a la de los huevos y el azúcar poco a poco y sin dejar de batir hasta que queda perfectamente incorporada. Por último, añadimos la calabaza y mezclamos bien con una cuchara de madera.
Repartimos la mezcla final en los papelitos para magdalenas llenándolos 2/3 y horneamos unos 20-25 minutos o hasta que el palillo salga limpio. Se dejan reposar unos minutos en el molde y se pasan a una rejilla para que enfríen bien.


¡Espero que os guste!

Feliz y dulce semana, besicos!

M.

miércoles, 16 de enero de 2013

Bizcocho de limón y canela, ¡¡buenísimo!!

Sabéis la sensación esa de.. solo voy a coger un poquito para probarlo pero ya está.. y al momento vuelves.. y otro poquito pero ya no más.. y al momento caes de nuevo.. y así hasta que casi queda medio y entonces te asustas.. Pues eso nos ha pasado con este bizcocho, es como si te despertara el apetito y no pudieras parar de comer..






















Tras más de una semana sin encender el horno (desde que hice el roscón), el domingo pasado me levanté con la necesidad de hornear y me fui directa a la cocina para comprobar los ingredientes que tenía por casa y ver qué podría hacer.


También eché un vistazo a mi nuevo libro The hummingbird bakery cookbook y al llegar al "pastel de limón y semillas de amapola" me vino la inspiración, no tenía semillas de amapola pero partiendo de esa receta algo podía hacer..


Como todavía tenía en mente los excesos navideños, intenté hacerlo lo más "sano" posible y lo pongo entre comillas porque digamos que de dieta no es pero sí bastante ligero en comparación con el resto de dulces.


Para aligerarlo cambié el glaseado de la receta original (algún día la haré) por una decoración mucho más ligera espolvoreando un poco de azúcar glas y canela y pasó de ser un pastel a ser un bizcocho perfecto para merendar acompañándolo de un zumo de naranja.


Bizcocho de limón y canela
  • 245 g azúcar
  • 70 ml aceite de oliva suave
  • ralladura de 1 1/2 limones
  • 165 ml leche
  • 235 g harina
  • 2 cucharaditas de levadura en polvo (tipo Royal)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharada de canela
  • 3 claras de huevo

Para el almíbar de limón
  • zumo de 1 limón recién exprimido
  • 50 g de azúcar
  • 100 ml agua
Precalentamos el horno a 170ºC
Ponemos el aceite, el azúcar, la ralladura de limón y la canela en el bol y batimos hasta que los ingredientes queden bien incorporados. Poco a poco añadimos la leche y batimos hasta que se incorpore. En un bol aparte, mezclamos la harina con la levadura y la sal. Añadimos a la mezcla anterior en tres veces batiendo bien tras cada incorporación, nos debe quedar una masa homogénea. A parte, montamos las claras a punto de nieve. Una vez bien montadas, las añadimos a la masa con una cuchara metálica y mezclamos bien pero con cuidado para que no pierda el aire. Vertemos la masa en el molde, previamente enharinado, y horneamos unos 30 min o hasta que el palillo salga limpio.
Mientras se hornea preparamos el almíbar. Ponemos el zumo de limón, el azúcar y el agua en un cazo y lo llevamos a ebullición a fuego lento y lo tenemos hirviendo hasta que reduzca a la mitad. Reservamos.
Cuando saquemos el bizcocho del horno, vertemos el almíbar sobre él y espolvoreamos azúcar glas y canela para decorar, al gusto. Lo dejamos enfriar en el molde y luego lo pasamos a una rejilla hasta que se enfríe completamente.

¡Ya tenemos listo nuestro bizcocho para disfrutarlo!

Espero que lo hagáis y os guste tanto como a mi.

¡Besicos!
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